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El incipiente mercado alcista del oro


Muchos piensan que llegan tarde al mercado alcista del oro. A continuación voy a explicar por qué pienso que no es así. No es tarde.

Desde enero de 2016 a la fecha de hoy, 5 de septiembre de 2020, el precio del oro ha subido un 82% (de $1061, cuando tocó fondo en esa fase bajista, hasta los $1933 al cierre de hoy). A pesar de la espectacular revalorización experiementada, al mercado alcista del oro aún le queda un largo camino por recorrer, hasta convertirse en última instancia en una manía especulativa que lo lleve a precios ridículamente altos. 

En el periodo de tiempo desde 2016 hasta 2020 el oro únicamente ha recuperado el terreno perdido y ha rebasado por poco margen su máxima cota anterior, que fue la de $1920 en el año 2011.

En aquel tiempo los mercados observaban con preocupación cómo la Reserva Federal de los EEUU se adentraba en la tercera ola de impresión de dinero masiva (llamada eufemísticamente flexibilización cuantitativa), a la vez que los bancos centrales de otros importantes países adoptaban políticas monetarias muy parecidas. Y justo cuando parecía que el oro iba a volar todavía mucho más alto, las autoridades monetarias estadounidenses anunciaron que la senda iniciada de aumento ingente de la oferta monetaria iba a ser revertida paulatinamente retirando dinero de la circulación (desflexibilización cuantitativa) y aumentando los tipos de interés.

Bien, lo intentaron por algún tiempo, pero no les duró mucho el plan. En 2019, al ver cómo la bolsa americana hacía aguas y muchas compañías pasaban apuros para devolver sus préstamos con el repunte de los tipos de interés, lo cual amenazaba a la economía en su conjunto, la Reserva Federal decidió olvidarse del cuento con el que había convencido a los mercados en 2011 y volver a tirar de la máquina de imprimir dinero, a la vez que empezó a reducir los tipos de interés. Así se frustraba su intento de normalizar los tipos de interés. 

Gráfico del balance de la Reserva Federal de EEUU desde 2004 a 2020

Como se puede ver en el gráfico de arriba, el balance de la Reserva Federal de Estados Unidos llegó a reducirse ligeramente de 2018 a 2019, tras el fenomenal incremento en años precedentes llevado a cabo como respuesta a la gran crisis financiera de 2008. Pero esa poco acentuada curva descendente se vio truncada a finales de 2019, y ya en 2020, con la llegada de la crisis del Covid-19, el balance se expandió de forma brusca y brutal, creando de la nada y en apenas un par de meses tanto dinero como en todas las oleadas de flexibilización cuantitativa operadas desde 2008 hasta 2014. Un gráfico realmente espeluznante.

Actualmente los tipos de interés en EEUU se encuentran cercanos al 0%, y algunos vehículos de deuda americana incluso ofrecen una garantía de pérdida de dinero: tipos de interés negativos. En los bonos soberanos de algunos países europeos ya habíamos empezado mucho antes con la aberración financiera de ofrecer rendimiento negativo asegurado a quien quiera prestar dinero al gobierno durante un tiempo. Es ciertamente inquietante los motivos por los que alguien pueda estar dispuesto a renunciar a consumir hoy, por tanto ahorrando un dinero, decidiendo prestarlo durante unos años a una entidad que le asegura de antemano que no sólo va a perder poder adquisitivo de su inversión por efecto de la inflación (términos reales), sino que además el principal que le devuelvan va a ser menor que el importe invertido (términos nominales). Una inversión totalmente inexplicable para cualquier ahorrador racional.

Por si fuera poco con este panorama inédito de represión financiera, el presidente de la Reserva Federal ha dado una nueva vuelta de tuerca anunciando hace unos pocos días que para los próximos años ya no se conforman con su objetivo de alcanzar un 2% anual de incremento en el índice de precios al consumo, sino que quieren ir más allá y dejar correr el encarecimiento general del coste de la vida por encima del 2% y sin fijar un tope específico. La razón aducida para tal cambio en su política es que necesitan compensar los años pasados de "baja inflación" y así conseguir sobre el largo plazo una media del 2%. Sobre este asunto hay muchos puntos que comentar, pero, por dejar un par de notas, diré en primer lugar que la inflación real sufrida por los consumidores es significativamente mayor a la tasa de inflación oficial, y, por otro lado, si los bancos centrales se han empeñado en conseguir en los últimos años un 2% de inflación oficial pero, por algún motivo, se han quedado cortos, ¿qué nos hace pensar que ahora no vayan a pasarse de frenada? En efecto, no es tarea fácil regular la inflación. Es como jugar con fuego: te puedes quemar.

Como los inversores en el oro posiblemente saben, los tipos de interés reales negativos son uno de los principales propulsores del precio de este metal precioso. Los tipos de interés negativos se producen cuando la inflación es mayor que el tipo de interés fijado por el banco central. Esto provoca que, a pesar de recibir algún interés por tu dinero al prestarlo, esa remuneración no sería suficiente para compensar la inflación y, por tanto, se perdería poder adquisitivo. En esos ambientes el oro gana atractivo porque, aunque no dé interés, al menos se supone que ayuda a preservar el poder adquisitivo.

Pues bien, en la situación actual, con los tipos de interés nominales cercanos a cero o en negativo, y con la inflación con visos de correr libremente, y, quizás incluso salvajemente (a la vista de la descomunal cantidad de dinero que se está imprimiendo), lo cual garantiza unos tipos de interés reales negativos o muy negativos, ¿alguien duda de que el oro se dispare aún más?

Recordemos además que los bancos centrales no tienen otra opción que mantener (artificialmente) los tipos de interés bajos o negativos porque si dejaran que repuntaran más de la cuenta, la gigantesca deuda pública de sus respectivos países se volvería excesivamente onerosa de pagar.

Y precisamente la enorme carga que supone la mencionada deuda pública es lo que garantiza que los bancos centrales van a querer que haya inflación, para que la deuda se repague con dinero depreciado, que es mucho más fácil para los Estados.

Otro punto a favor del oro a considerar: actualmente la porción que ocupa el oro dentro del total de activos de inversión en Estados Unidos oscila entre un 0.3% y 0.5% , cuando la media de los últimos 30 años está entre el 1.5% y el 2%. Si el oro revertiera a la media, que sería algo completamente normal de esperar, estaríamos hablando de como mínimo triplicar el influjo de dinero al oro como vehículo de inversión. Teniendo en cuenta que el oro sólo aumenta sus existencias globales con una tasa aproximada de algo más del 1% anual con la nueva producción de la minería, y además posiblemente hayamos dejado atrás el pico de producción aurífera, el resultado sería una explosión del precio del oro.

Por último, si uno echa un vistazo a la historia de los mercados alcistas del oro y los compara con el grado de madurez del actual mercado alcista, debería darse cuenta de que sólo estamos en los primeros compases de crecimiento del precio.   

En efecto, si la historia sirve de referencia, en los años 70 el precio del oro se revalorizó por múltiplos: aproximadamente desde $42 hasta $770 (¡¡se multiplicó por 18!!) en el transcurso de 8 años. Ya en el siglo XXI volvió a hacer algo parecido aunque no tan espectacular: creció de $260 a $1920 ("sólo" se multiplicó por 7) desde 2000 a 2011.

Por tanto, que el oro hasta hoy se haya encarecido un 82% en este nuevo ciclo alcista, visto con perspectiva histórica, sugiere que al ciclo actual le queda todavía bastante gas. Además, hay que ser consciente de que las condiciones macroeconómicas reinantes en la actualidad son probablemente las más favorables para el oro que jamás se hayan dado, lo cual refuerza la tesis alcista.

Por todo lo anterior y por numerosas razones más, no concibo que se nos presente un escenario que no sea positivo para el oro en los próximos 2-5 años, o quizás más.

Andy Santos

Andy Santos es autor del libro "Hazte de Oro en la Próxima Crisis: Y Escapa de la Mayor Estafa Piramidal Jamás Orquestada" ,

también disponible en inglés bajo el título "Get Wealthy in the Next Crisis: The Way to Escape the Biggest Ponzi Scheme Ever"

y es traductor al español del libro de Craig S. Wright "La Visión de Satoshi: El Arte de Bitcoin"


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